La paradoja oculta en los exámenes educativos

Mientras se mide obsesivamente el saber estudiantil, se oculta la ignorancia de quien diseña qué debe saberse

La regla que revela al que mide

Existe una contradicción fundamental en los sistemas de evaluación educativa: cuanto más obsesivamente una sociedad mide lo que un estudiante sabe, más cuidadosamente puede estar ocultando cuánto ignora quien decidió qué debía saber. Según el análisis de Fernando Buen Abad Domínguez, la regla de medición aparenta estar destinada al objeto evaluado, pero termina revelando la arquitectura del sujeto que mide.

Qué interrogan realmente los exámenes

Los exámenes educativos no solo cuestionan el conocimiento de una persona. En su silencio, interrogan la arquitectura social que determinó qué conocimientos merecen existir, quién tiene autoridad para clasificarlos y qué intereses se benefician cuando una forma particular de inteligencia es declarada legítima. Esta estructura invisible es lo que Buen Abad Domínguez denomina como “barbarie burocrática” en la evaluación educativa.

La paradoja debería estremecer cualquier sistema educativo: cuando una autoridad presume medir la educación, debería medir sin obsecuencia la ignorancia de quienes diseñaron la regla misma.

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